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Okiku, la muñeca japonesa encantada

Okiku, La Muñeca Japonesa Encantada
En 1918 empezó la leyenda de la muñeca japonesa encantada Okiku. Un joven adquirió la muñeca, que después demandaría el nombre de Okiku para su hermana de dos años, y la leyenda se desencadenaría.

A lo largo de esta época, El país nipón todavía vivía el feudalismo. A su alrededor, todo era progresos en tecnología y ciencia, no obstante Japón se aferraba a sus opiniones, repletas de mitología y fábulas. Incluso hoy, los demonios, espectros, vampiros y otras criaturas deambulaban libremente. 

El 3 de febrero iban a los santuarios donde, por medio de rituales y prácticas, ahuyentaban a los espíritus malignos. Era un lugar donde los lagos tragaban niños, los bosques enloquecían a la gente y hacían que se suicidaban. Y las muñecas se usaban como poderosos instrumentos de magia. 

Okiku conquistó a Suzuki

Eikichi Suzuki de 17 años adquirió la muñeca en Sapporo en 1918, para su hermana de 2 años Okiku. Se encontraba de da un giro por la región para una exposición marítima, y la muñeca le atrajo fuertemente. La halló sentada en un escaparate, tan perfecta, y  no pudo evitarlo. Entró y compró la figura para su hermana. 

Medía precisamente cuarenta centímetros de prominente, y vestía un kimono clásico. Su pelo era negro y estaba cortado a la altura de los hombros, al puro estilo tradicional “okappa”. Y además de esto contaba con unos ojos color carbón punzantes, tenía una mirada que hipnotizaba y encantaba.

La Muñeca Japonesa Encantada Okiku

Pero Okiku salió para toda la vida… ¿o bien no?

Suzuki volvió a casa y le dio la muñeca a su hermana pequeña. La pequeña quedó prendada de la muñeca, se transformó en el juguete favorito de Okiku y, lo que es más importante, en su mejor amiga. 

Okiku jugaba todos los días con la muñeca, la llevaba a todas y cada una partes, y trataba a la figurita como a una hermana pequeña. Hablaba con, y la alimentaba. Hasta dormía con . Decidió llamar a la muñeca ‘Okiku’; un espéculo duplicado de sí. La muñeca nunca se apartó de la visión de Okiku.

Entonces, un año después, la catástrofe llegó. En 1919, Okiku murió. La fiebre amarilla había descendido sobre la tierra y llegó a la familia de la pequeña. Okiku, de solamente tres años, murió jadeando por aire, con dolor y miedo. La muñeca se sostuvo siempre a su alcance. La familia quería enterrar la muñeca junto con Okiku, pero las situaciones y la supervisión del gobierno impidieron este último acto de amabilidad por su lado. La muñeca jamás fue enterrada con Okiku. 

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Empieza la historia de historia legendaria de la muñeca Okiku

Okiku (la muñeca) se ubicaba alternativamente en el altar de la familia, una práctica común en determinados hogares nipones para conmemorar a los muertos. El pequeño santuario festejaba a su hija y marcaba su paso a la otra vida. Fue entonces cuando la rareza empezó a acontecer.

Un día, la familia empezó a ver que el pelo de la muñeca se se encontraba prolongando. Antes un corte clásico a la altura de los hombros con puntas limpias, ahora tenía un pelo despedazado, con las puntas abiertas que se extendía alén de su cintura. Era desaliñado, de diferentes colores, y se notaba distinto.

Por la noche, soñaban con Okiku, y algunas veces la muñeca aparecía a su lado por la mañana. Esta clase de extraños acontecimientos se incrementaron y se convirtieron en verdaderos actos de infestación espiritual. 

Las luces se encendían y apagaban, golpes en la vivienda, ruidos y voces extrañas. En el momento en que se acercaba el cumpleaños de Okiku o el día de su muerte, todo se sucedía más comúnmente. Los chamanes del pueblo y los líderes espirituales coincidieron en que el alma de su hija estaba atrapada dentro de la muñeca. 

Okiku

Un icono turístico japonés

En 1938, la familia se trasladó a otro distrito. Ahora se habían habituados a Okiku e incluso se habían encariñado con el espíritu inquieto de su hija. No querían llevarse a Okiku con ellos, ya que temían que lo que alimentaba su magia era la proximidad a la tumba de su hija. De esta forma, la familia se aproximó al templo local y les pidió que cuidaran de la muñeca.  

El Templo ahora había escuchado incontables historias de la increíble muñeca. La muñeca encantada cuyo pelo crecía todos los años. Estaban fascinados con la idea, por lo que los sacerdotes admitieron con alegría el encargo y empezaron a cuidar de Okiku. 

Transcurrido el tiempo, confirmaron la certeza del hecho con el que todos se fascinaban: el pelo sí crecía. Los curas han enviado muestras cortadas del pelo para análisis científicos, y el examen científico de Okiku probó que el pelo era de un niño humano. Con regularidad el pelo se recorta y la muñeca se mantiene feliz y contenta.

Con el paso de los años, la popularidad de la muñeca creció y sus poderes se desarrollaron aún más. Ahora es más audaz, invadiendo los sueños del sacerdote y de esos que vienen a visitarla. Es más fuerte, su pelo crece más veloz y más salvaje, y, es aún más alucinante. 

El último acontecimiento que vuelve locos a los turistas es la temible afirmación de que la boca de Okiku se está abriendo lentamente. Dicen que si te atreves a ver en su interior puedes observar algo como unos dientes de leche, que van como malas hierbas de las encías de porcelana.