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El Hospital de Bedlam: la casa de la locura

El Hospital De Bedlam: La Casa De La Locura

A día de hoy, el Bethlem Royal Hospital ubicado en Londres se usa como hospital psiquiátrico. Sin embargo, sus inicios fueron bastante distintos, y es que es un lugar conocido por el caos y la locura que allí reinaban.

También conocido como “Bedlam” fue el primer manicomio de Europa. Lo fundó la iglesia de 1247 como casa de limosnas, fue la primera institución que trató a dementes en 1357. Goffredo de Prefetti, el obispo italiano, fue el fundador del centro, y su objetivo era ayudar a la recaudación de fondos para las Cruzadas por medio de la recogida de limosnas. 

Se transformó en un manicomio

Pero, empezaron a acoger indigentes que en la mayoría de los casos sufrían de enfermedades mentales. Y aunque no está claro cuándo fue el momento en el que decidieron dedicarse exclusivamente a los enfermos mentales, en 1330 ya se le llama hospital, pero en 1377 empezó a conocerse como la casa de los locos. Ejerció su función durante más de seis siglos, en la mayoría de las épocas sus internos vivieron en condiciones infrahumanas, rodeados de horror, suciedad y abusos. 

En 1600, un informe reveló que el alcantarillado que pasaba bajo el edificio estaba continuamente bloqueado por la suciedad acumulada. En aquellos tiempos no existía relación entre salud e higiene, había que llevar el agua a mano, por lo que los hospitales normales también vivían en suciedad, pero sin duda Bedlam fue el peor. 

Bedlam

Una remodelación que salió mal

A finales del siglo XVII se vieron en la necesidad de hacer una remodelación. Lo reconstruyeron a las afueras de la ciudad, sin financiación pública, era necesario que se mostrara como un hogar de caridad y asistencia. Para ello, se inspiraron en el Palacio de las Tullerías de Luis XIV en París.

Pero el interior mostraba la realidad, y con el peso de los nuevos ornamentos, la parte trasera se empezó a agrietar. Las paredes se llenaban de agua cuando llovía. Lo había construido sobre escombros, por lo que pronto empezó a derrumbarse. 

Bedlam

La familia Monro llega a Bedlam

Fue también en esta época cuando el manicomio comenzó a inspirar dramas y baladas jacobinas. Se usó para explorar el significado de la locura y quién tenía el poder decidir sobre la cordura. Además, el hecho de que fuera el loquero más conocido y más grande, hizo que su reputación lo llevara a definirlo como un agujero infernal. 

En 1728, James Monro se convirtió en el médico jefe del Hospital de Bethlem. Junto a su familia, gobernaron en el manicomio durante cuatro generaciones, un total de 125 años. Bajo su mandato, los tratamientos empeoraron al cambiar los métodos de las ideas y tratamientos de boticarios a los de los cirujanos. 

Golpeaban frecuentemente a los pacientes, pasaban hambre y los sumergían en baños helados. Los alimentos eran inadecuados, por eso sufrían de inanición o desnutrición. Las comidas no eran abundantes, y a veces dependían de lo que el mayordomo podía comprar. Los alimentaban dos veces al día, una dieta simple y reducida. Con esto se reflejaba la teoría humoral, que decía que el racionamiento de las dietas y evitar los alimentos ricos permitían a los dementes restablecer el equilibrio de su cuerpo y parar a los espíritus. 

La Casa de los Horrores

Abrieron sus puertas al público con el fin de que los familiares fueran a visitar a sus seres queridos, pero la idea no triunfó mucho. Sin embargo, sí atrajo a londinenses adinerados. El sufrimiento de los enfermos mentales fue el entretenimiento de Londres. 

Existe una teoría que dice que esta idea surgió por la necesidad de recaudar fondos. El donativo sugerido era de 10 chelines por persona, y las visitas resultaron ser lucrativas. Exhibían a los internos, sus comportamientos extraños y sus tratamientos a modo de teatro. A esta “obra de teatro” acudían señoras vestidas con trajes de lujo y pañuelos delante de la nariz, y recorrían los pasillos como si fuera la Casa de los Horrores.

Bedlam

Horribles tratamientos de la locura

Aquellos internos a los que consideraban peligrosos estaban permanentemente encadenados. Otros eran libres de vagar por el lugar. Los tratamientos del Bedlam incluían grilletes, confinamiento en jaulas diminutas y la inmersión en agua helada. A estos “tratamientos para la curación de la locura” se unían la inanición, las sangrías, los golpes y el aislamiento. 

También estaba la terapia rotativa, que consistía en hacer girar al paciente en una silla que colgaba del techo hasta que este vomitaba. Muchos pacientes que podrían haber sobrevivido con su enfermedad, murieron por las terapias. De hecho, aquellos pacientes a los que consideraban débiles para los tratamientos, los rechazaban.

La familia Munro no cesó en sus atrocidades. El último superviviente de esta, Thomas Munro, dimitió tras un escándalo en el que se le acusaba de falta de humanidad hacia los pacientes. Tras la marcha del último Munro, el hospital instauró métodos más modernos y menos explotadores para el tratamiento de las enfermedades mentales. 

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