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El horror del jinete sin cabeza

El Horror Del Jinete Sin Cabeza

El horror siempre ha utilizado la cabeza para los instantes álgidos- ¿recuerdas todas esas cabezas que explotan en la película de David Cronenberg sobre telépatas armados, escáneres, o el diablo recibiendo su justo al decapitar a David Warner en el primer éxito de Omen? Todas y cada una esas repugnantes películas de terror italianas se centraban en el daño a los ojos, para castigar lo que queríamos ver. En este momento, no obstante, el horror televisivo multiplica este efecto y está lleno de imágenes ridículas de muchos de cabezas de zombis, o bien cabezas de trofeos levantadas a ejércitos rugientes.

La leyenda de america del jinete sin cabeza

Todos los años, alrededor de Halloween, el mito americano del jinete sin cabeza hace su retorno anual – aunque es una historia en la imaginación de la multitud todo el año ahora gracias a la serie de Sleepy Hollow. Se inspira muy de forma vaga en la crónica de Washington Irving de 1820, la Historia de historia legendaria de Sleepy Hollow. Es un cuento oral recogido y re-contado en la prensa una generación después de que los acontecimientos se desarrollaron. Está en el límite entre la historia y el cuento popular.

La historia deriva de los asentamientos holandeses al norte de la ciudad de Nueva York en el río Hudson. Durante la Guerra Revolucionaria de 1776, el ejército de George Washington se vio obligado a retirarse de Manhattan. En la Guerra de las Llanuras Blancas, los comandantes británicos enviaron a sus jinetes de Hesse, despiadados mercenarios alemanes con una reputación temible. 

En la primera cañonada, a uno de estos mercenarios le dispararon en la cabeza. Fue enterrado rápidamente en el cementerio de Sleepy Hollow, puesto que la iglesia de holanda tenía un aire de patria. Desde entonces, cabalga en pos de su cabeza – dejada destrozada en el campo de batalla – o para tomar la de otro. Es uno de los pocos ejemplos de la mitología de america, de la fusión de lo sobrehumano con la historia real relacionada con la fundación de los EE.UU.

Jinete Sin Cabeza

Pero toda historia de historia legendaria tiene distintas ediciones

Este cuento es solo una de las muchas historias folclóricas de jinetes sin cabeza que se alargan. Desde los cuentos teutónicos de los hermanos Grimm, hasta el mito escandinavo y la leyenda celta irlandesa del dullahan, el demonio sin cabeza que corre cerca de un caballo negro. Incluso se ha actualizado para incluir a corredores sin cabeza que montan cerdos del infierno. La leyenda de Sleepy Hollow de Irving fue substancialmente reelaborada por Tim Burton en su película de 1999 Sleepy Hollow. Una memorable y desquiciada actuación de Christopher Walken como el Hessian sin cabeza, con los dientes limpios y los ojos malignos, pero traicionado al final por dos dulces chicas americanas en el bosque. Las cabezas ruedan con un abandono algo alegre en la adaptación de Burton.

La presente serie de EE.UU. además se dedica a multiplicar los horrores. Comienza en 1776 mas el dudoso héroe de Irving, Ichabod Crane, es impulsado hasta el día de hoy porque el jinete ha comenzado a montar de nuevo. En esta ocasión, el mito se fusiona con los Jinetes del Apocalipsis, y el jinete sin cabeza es un presagio de que EE.UU. está entrando en el Fin de los Días. Así como se predijo en las extrañas visiones del Libro del Apocalipsis. Así como las hordas de zombies sin cabeza se acumulan en las puertas, además lo hacen los jinetes.

Para Freud, la decapitación era un símbolo alejado para la castración

Algunos críticos han visto que en el transcurso de un siglo tras Sigmund Freud, era irrealizable pensar en la decapitación más que como un símbolo alejado de la ansiedad por la castración. Esto es lo que Freud propuso en su provocativo ensayo La cabeza de la medusa. Es ciertamente el caso que Freud estaba escribiendo a inicios del siglo XX en el momento en que había muchas proyectos y pinturas sobre Salomé, el bailarín de la Biblia que exige la cabeza de Juan el Bautista, servida en una bandeja – la versión de Oscar Wilde es la más conocida de estas. Junto con la otra historia bíblica de Judith y Holofernes, los últimos victorianos estaban ofuscados con simbolizar la amenaza al poder y la capacidad masculina a través de historias de decapitación simbólica por una mujer mortal. Pero o sea menos universal de lo que Freud sugirió.

Por supuesto, la decapitación siempre ha simbolizado el ejercicio del poder absoluto. Ya que poco a poco más asociamos la identidad con el cerebro (y menos con el corazón), el acto golpea la esencia misma de la identidad – de la memoria y la racionalidad. También agrede al poder: de ahí que la decapitación formalizada del Rey Carlos aún persigue la imaginación inglesa. El hombre que arrebató ese poder a la corona, Oliver Cromwell, padeció por sus actos mucho tras su muerte. Su cuerpo fue exhumado, la cabeza removida, exhibida, vilipendiada y tratada con desprecio, y también impresionantemente sólo fue reenterrado en la década de 1960.

Jinete Sin Cabeza

La decapitación en la historia 

El acto de decapitación se asocia en muchas etnias con los salvajes a las puertas – son los otros, esos primitivos, ellos, los que realizan estos actos espantosos. La historia que las democracias occidentales se cuentan a sí mismas es que se han distanciado de los actos arbitrarios de dominación violenta y se han acercado al ejercicio de la ley. Por ejemplo, trasladando el ejercicio de la pena capital de los enormes espectáculos públicos a los eventos privados lejísimos de la visión del público. En Europa, la pena de muerte ya no se usa, aunque resulta sorprendente conocer que el Estado francés utilizó por última vez la guillotina en fecha tan reciente como 1977.

Cuando se trata de los modernos espectáculos de decapitación, es imposible no reflexionar en cómo los estados occidentales fueron perseguidos por las ejecuciones públicas de cautivos por la IS. Estos horripilantes actos tienen un enorme peso simbólico de significados históricos y culturales, y el grupo terrorista se calcula en cómo manejan esos significados. Su demostración pública ha sugerido a la filósofa italiana Adriana Caverero, que hemos entrado en una exclusiva etapa que va más allá del «terrorismo» a algo llamado «horrorismo». Este sería un nuevo nivel de crueldad increíble hecho viable por los nuevos medios de comunicación.

No es de extrañar que la civilización popular esté intentando de trabajar a través de esto en el cine y la televisión. Juego de Tronos nos devuelve a un planeta de lucha por el poder feudal, del ejercicio arbitrario de la crueldad que actúa en su extremo mediante la decapitación. Se ve que la serie se dirige hacia la victoria de un vencedor de la libertad, mas ha habido mucha exploración de la crueldad y la violencia del poder a lo largo del sendero.

Sleepy Hollow gana su fuerza al ser parte de la historia del origen de los EE.UU., el jinete un fantasmagórico eco de la vieja violencia colonial sacudido mas conminando un retorno fantasmal. La horda de zombies es una reflexión similar sobre los límites de la democracia, mas además es una metáfora muy flexible que puede ser utilizada de diferentes maneras. En ocasiones, en The Walking Dead y en series más recientes como In the Flesh o bien iZombie, es considerablemente más una reflexión sobre cómo en este momento localizamos la identidad en las redes neuronales del cerebro. La revolución en la comprensión de la neurología humana es también una parte de este juego con el interior de nuestras cabezas. Resulta que los sin cabeza no son sólo un espantoso retroceso gótico, sino más bien un símbolo que charla urgentemente a nuestro tiempo.

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