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Clara de Geisslerin, la novia de Satanás

Clara De Geisslerin, La Novia De Satanás

La historia que hoy venimos a contar es del todo curiosa y despiadado a la vez. Nos remontamos a la Edad Media, esa época donde la tortura, sin duda, se encontraba popular. Los castigos más salvajes vieron la luz en este periodo, castigos que hoy son impensables por el nivel de crueldad y padecimiento. 

Además se conoce como los años donde la brujería estaba a la orden del día. De hecho el Medievo se conoce principalmente por las brujas, y no es de extrañar que precisamente por esto en estos momentos se sucedieron las persecuciones más horripilantes y numerosas. ¿Era Clara una de ellas?

Una bruja que yacía con Belcebú

Si eras mujer y aparte hacías algo que te hacía ver como sospechosa, da igual que fueses inocente, o que sencillamente tuvieses una enfermedad mental. La acusación era clara: brujería. En esta época no se procuraban explicaciones alén de las habladurías, con que alguien te acusase, la horca sería tu destino final.

También buscaron formas absurdas de mostrar si una mujer era una hechicera o bien no. El mismo rey Jacobo I de Inglaterra mostró su prueba irrefutable, que podía suceder pichándola o bien echándole agua. Si se le pinchaba y no sangraba, ¡hechicera!, si se tiraba al agua y no se ahogaba, ¡brujería!

Fue la definición que recibió Clara de Geisslerin, una viuda de 69 años a la que torturaron hasta la muerte. Las acusaciones no eran escasas, y es que se afirmaba que Clara había mantenido relaciones íntimas con Belcebú. Con él creó una familia formada por 16 criaturas, a quienes mató y exprimió hasta beberse su última gota de sangre. Además se le atribuyeron los homicidos de sesenta personas, quienes eran un sacrificio para Satán. 

Caza Brujas

El tormento de la viuda Geisslerin

En la aldea de Gelnhausen (Frankfurt), en el verano de 1597 los alemanes sometieron a Clara de Geisslerin al suplicio de la rueda. Esta forma de tortura, como todas las otras que se hacían, pretendía sacar a la luz los mortales hechos, confesados por las propias brujas.

El tormento de la rueda consistía en dislocar los huesos a golpe de barra, siempre llevando precaución de no ocasionar la muerte por un derrame de adentro, hasta dejar el cuerpo en estado de debilidad absoluta. Después de esto, se ataba el reo a una rueda de carro, con los tobillos tocando la cabeza. Las costillas quebradas hacían que la respiración fuera dolorosa, hasta el momento en que la acusada reconocía todo lo sucedido. 

Por lo general, en Francia esta clase de tortura se reservaba para parricidas y ladronas, dejando a salvo a las mujeres por decencia y salubridad. En Alemania, por otro lado, no se hacía distinción alguna. De hecho, el emperador Maximiliano quiso torturar a Santa Catalina de Alejandría en la rueda, pero su cuerpo se quebró al posicionarla en ella por obra de Cristo.

Clara de Geisslerin no corrió exactamente la misma suerte, y sucede que a lo largo de la tortura confesó todos sus pecados. Sin embargo, cada vez que los torturadores le daban un respiro tras obtener las confesiones, Clara se retractaba de todo lo dicho, y la rueda empezaba a accionar otra vez. Hasta tres veces se tuvo que ver atada y clamando por su historia. La dislocaron como a un muñeco de harapo.

¿Cómo fue la desaparición de Clara?

Con los pies comprimidos en fundas de hierro, y con el cuerpo desencajado, terminó la vida de Clara. No obstante, antes de besar a la muerte, en el momento en que la soltaban, negaba sus fechorías y clamaba por un juicio a manos de Dios. Decía que probaría su inocencia ante los jueces. 

Al final, Dios no puso su mano para salvar la vida de esta “bruja”, pues tras tres vueltas en la rueda feneció. Mas los jueces hallaron una explicación clara para su muerte, ya que atribuyeron su derrota frente a la rueda de tortura como un acto del Diablo, quien la había ahogado a fin de que no desvelara más datos sobres sus infamias.